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Las pistas que permitieron encontrar el cadáver de Adriana Pinzón

Después del hallazgo Jonathan Torres tendrá que confesar por qué la mató.



Fueron 20 días de angustia antes de que se supiera algo certero del destino de Adriana Pinzón desde que desapareció en Zipaquirá. El sábado, el cuerpo de la psicóloga de 42 años fue hallado por la Fiscalía General de la Nación en la vereda Río Frío, en Zipaquirá.


Hasta ese lugar llegaron expertos de la Fiscalía y del CTI para sacar de entre los arbustos el cuerpo que estaba metido en una bolsa negra, la misma con la que se había visto a Jonathan Torres salir del apartamento de la mujer, quien residía en Zipaquirá.


Cuando se pensaba que las labores para corroborar la identidad del cadáver iban a tardar días, la Fiscalía General de la Nación confirmó que luego de un cotejo dactiloscópico y otros análisis realizados por el Instituto Nacional de Medicina Legal se pudo determinar que el cuerpo correspondía al de Pinzón.


La noticia fue devastadora para la familia, quienes la venían buscando por toda la región. Llegaron, incluso, a consultar a un médium para que les diera alguna pista de lo que había pasado. Un río y una iglesia fueron la señal que les dio y por eso buscaron su cuerpo en la vereda San Jorge, con ayuda del CTI y de personal experto en estas búsquedas. No se encontró nada y por eso las labores continuaron ante el desesperante silencio de Jonathan Torres, quien nunca se conmovió ante el dolor de la familia. No derramó una sola lágrima.


El sábado la incertidumbre de no saber qué había pasado con ella terminó, pero queda la incógnita de las razones que llevaron a Torres a asesinarla y a intentar por todos los medios desaparecer su cuerpo. Esos detalles saldrán a flote en las próximas audiencias en las que se espera se destapen una a una las pruebas existentes que han venido recopilando los investigadores.


Por ahora, la familia de la psicóloga se desmorona mientras se realizan los trámites de entrega del cadáver y el acompañamiento que se presta en estos casos. “El dolor que sentimos como familia es indescriptible. Una persona a la que habíamos acogido como un miembro más nos quitó a nuestro amor, a la persona más buena, más linda, más trabajadora. La que nos apoyaba en todo”, dijo Sandra Pinzón, quien lloró día a día la ausencia de su hermana.


Del asesino han venido saliendo a flote oscuros detalles de su pasado. Jimmy Narváez, su defensor, había revelado que fue miembro activo de la Policía y que allí se desempeñó como explosivista y francotirador. “Él trabajó en zonas rojas, vio morir a muchas personas y mató a otras más. No creo que su estado de salud sea bueno. Creo que habrá que hacerle un examen psicológico en el proceso”, dijo Narváez, quien también contó que su defendido, no obstante, intentó llevar una vida normal con su esposa y su hijo, pero que la relación se fue deteriorando, incluso con el padre de Pilar Pinzón, quien en una ocasión lo habría echado de su casa.



También que su infancia no fue convencional. Torres relató que la relación con su madre siempre fue distaste y que nunca lo trató con amor. Esa es una constante en la conversación con su abogado.


La muerte de Adriana deja un vacío inmenso en su familia. No se explican por qué Torres quiso quitarle la vida a una exitosa psicóloga, empleada de una empresa petrolera, soltera y sin hijos, que lo único que hacía era ayudar a su familia y aún más a Pilar Pinzón, su hermana, la misma que se casó y tuvo un hijo con el asesino.


Las pruebas del caso


Torres había dicho que la última vez que había visto a Adriana fue en un concesionario de Chía, pues le estaba ayudando a vender su vehículo desde mayo, y que luego ella había tomado un servicio de Uber y que hasta ahí él sabía, pero lo cierto es que después de una ardua investigación de la Fiscalía se pudo comprobar que algo no encajaba.


Luego se conocieron imágenes escabrosas. Videos de cámaras de seguridad del conjunto residencial donde vivía Adriana Pinzón dan cuenta de que Torres ingresó al apartamento sobre el mediodía del 7 junio de 2022. Entre las 6 y las 7:20 p. m. salió en dos oportunidades con el carro de su cuñada. Primero, con un morral negro; luego, con bolsas plásticas que cargaba con dificultad y que dejó en el baúl.


También se supo de manera oficial que, en la inspección hecha al inmueble de la mujer, los peritos forenses hallaron rastros de sangre en una habitación y en otros puntos. Una mujer que siempre le ha ayudado a la familia y que habría ido al lugar a hacer aseo también corroboró a la familia que había encontrado cosas raras como desorden, manchas y los artículos de aseo fuera de su lugar.


Adicionalmente, un conocido del investigado se acercó a las autoridades y reveló que Torres Campos le dio a guardar el maletín, el cual tenía cuchillos con manchas, documentos de la psicóloga como la licencia de conducción, entre otros elementos. Las muestras biológicas son valoradas en los laboratorios de genética del CTI.


Se supo de que ese conocido es el hermano de una mujer con quien Torres le venía siendo infiel a su esposa, Pilar Pinzón, con quien tuvo un hijo, y que este sería quien dio aviso a las autoridades sobre el morral donde encontró dos cuchillos y documentos personales de Adriana Pinzón untados de sangre. Esta familia también le habría estado reclamando a Torres por el préstamo de un millón de pesos y porque incumplió una promesa de llevárselos a vivir a Villavicencio.


Citynoticias reveló unos audios en donde el dueño del concesionario afirma que la mujer nunca pisó su negocio. "Nunca vimos a la señora. Jonathan llegó sobre las 9:15 de la mañana y veo que ella desapareció a las 6", dijo.


El comerciante aseguró que ese día no se pudo concretar el negocio porque faltaban varios documentos. "Yo había hecho una negociación en la cual entregaba un carro a un valor menor y tenía que dar un excedente. Al otro día él me trajo los traspasos firmados por la señora, pero en realidad no los firmó ella porque tenían fecha del 10 de junio (...). Ahí me di cuenta de que eran falsos", aseguró.


Han perdido peso otras especulaciones como la de que detrás de la desaparición habría un seguro de por medio o los dineros producto de la venta de un vehículo, o por lo menos, según Narváez, eso no se ha mencionado en las audiencias.



Una vida que se apagó


Adriana era una sicóloga de 42 años. Estudió en la Universidad Santo Tomás e hizo una especialización en Recursos Humanos en el Externado. Trabaja para una compañía de petróleos llamada Sudamericanos Energy. Siempre fue una excelente estudiante, de las mejores. Estuvo becada más de la mitad de su carrera y en su posgrado. En su vida profesional y personal siempre le ha ido muy bien.


Residía en el conjunto de bloques de apartamentos Santa Ana de Zipaquirá. Vivía hace poco allí porque la pandemia la sorprendió en un apartaestudio en Bogotá. Se había ido a vivir allá en arriendo por los trancones. Ese lugar quedaba cerca de su empresa. Cuando se acabaron las restricciones entregó el lugar y se devolvió al apartamento de su propiedad en Zipaquirá. Ella quería estar cerca de la familia.


Es la hermana del medio. Las tres, Sandra, Adriana y Pilar, dicen ser muy unidas. "Andamos juntas para todo lado. Lo único que nos ha separado son las cuestiones laborales. Por ejemplo, hubo un momento en que Adriana tuvo una oportunidad laboral en Bucaramanga y vivió un tiempo en esa ciudad. Ella venía a saludarnos o mi familia iba a visitarla, pero siempre estábamos en contacto", contó Sandra.


Dicen que Jonathan apareció en la familia hace aproximadamente seis años, cuando inició una relación con Pilar. Se conocieron en el trabajo, en una clínica veterinaria de Chía. "Debo decir que mi hermana sí es veterinaria, él no, él solo es como un técnico. Lo cierto es que tenían una relación y nosotros lo acogimos en la familia".


Él se había ganado la confianza de la familia. Era amable y servicial. "En este momento estamos completamente impactados. Es una cosa de locos. Una familia nunca espera algo así, menos de alguien a quien se le abrieron las puertas del hogar. Uno nunca se imagina que alguien de la familia esté relacionado con algo como una desaparición".


Sobre Pilar, Sandra cuenta que está muy mal. "Ella no sabe qué pensar. Siente un dolor inmenso. Ella es nuestra hermana menor y la más mimada. Mi hermana Adriana siempre la ha consentido. Siente dolor por su hermana desaparecida y por el padre de su hijo".

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